tratase de resistir el invierno,
que todo iría a pasar
demasiado de rápido,
en un abrir y cerrar,
¿de ojos?, le inculqué con aspereza.
Sí, ¿por qué no?,
de todos modos,
creo que es cuestión de naturaleza,
procedió.
¿La mía, la tuya,
o acaso te refieres a la de ambos?
Temo que es más complicado,
esto, o sea, nosotros,
esta simpatía neuronal
jamás nos permitiría separarnos.
Pero, si fuese así, entonces,
¿a qué se debe el abrigo,
ese que llevas de mano?,
le incurrí.
Y justo en el momento,
en el que hubiese recibido respuesta,
el sol arribó
desprevenidamente
contra su rostro.

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