
…y aquí me encamino otra vez al espacio de la blogosfera. Les admito que en estos últimos años, desde que comencé mi primer blog, nunca le brindé totalmente una oportunidad a este medio electrónico. Quizás se debió a una incierta e innombrable incomodidad que sentía cada vez que presionaba el botón de publicar. Y no lo digo sólo por tratar de romantizar mi acercamiento creativo ante mis escritos, sino que, sinceramente creo que, en la mayoría de lo que se llegará conocer como mi pasado, ha existido una desconexión química entre mis procesos mentales y de almacenamiento. Tampoco he sido el más organizado que digamos, si eso es lo que están pensando -digo- aquellos que me conocen lo suficiente. Pero, y volviendo al tema, a lo que me quiero referir es a la artificialidad de este medio bitacorino que, sobre todo, lo que intenta, creo yo, es reemplazar aquello a lo que nos referimos como tangible: esta entrada, finalmente, no es más que un código genético de binomios. Técnicamente, sólo se necesita de un apagón cibernético a estilo 1977, como ese que azotó la ciudad de Nueva York, para que toda esta información, cual carácter legible nos hemos malacostumbrado, pase de útil a una con pendiente igual a cero: el verdadero Apocalipsis de la red. Y ahora es el momento en el que uso ese dicho americano: "this may seem far-fetched" pero según un artículo de la edición del pasado diciembre de la revista WIRED el Apocalipsis estuvo más cercano de lo que jamás nos hubiésemos imaginado. Dam Kaminsky, de 25 años, en junio de 2005, encontró un fallo monumental en la hilera cibernética de la red. Si así mismo hubiese querido, hubiera podido deshacerse del Internet como lo conocemos hoy en día. Lo que nos hace corroborar nuestra propia realidad. Nos sería conveniente aún no hacer completamente hacia un lado nuestras maquinillas manuales. ¿Pero a qué es lo que quiero llegar, si es que he predispuesto algún destino en particular? De veras que no sé. Quizás toda esta entrada no sea más que una excusa para salirme de la manga de mi propia mediocridad, que en todo caso no es más nada que pura procrastinación. Lo admito, nunca suelo terminar lo que empiezo, muchas ideas, poco efecto/afecto de acción. Los pasquines de Obama leen "It's time for change."; esperemos, en todo caso, que no me coma el astigmatismo. Y, pues, finalmente, de aquí surge COLINA: apenas una montaña, mucho más que un solo escalón.

1 Comentarios:
Tienes mucho tiempo libre. Pero no esta mal,es bueno aceptar nuestros errores; y la procrastinacion es el mal de muchos. Mi mejor consejo es...no planificarlo o ponerlo en agenda...lo pensastes, perfect! Ahora toma accion ;)
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